Es lo que hay, que le vamos a hacer.

Lo prometido es deuda y cuando nuestro querido dúo calvo y dinámico estaba en lejanas tierras nos prometió que nos llevarían a Sendai y nos contarían todo lo que allí vieran en un largometraje que rivalizaría en duración con la saga de El Señor de los Anillos y el Hobbit juntas.

Pero no ha podido ser. Las nikonianas normas de visita amenazaban con fulminar al estado de plasma a cualquier invitado que osara colar en la fábrica cualquier artilugio grabador, así que la promesa ha quedado convertida en una crónica sobre el viaje de ida y vuelta Tokio – Sendai en tren bala.

Pero aún así estoy seguro que os gustará.

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