Asombroso, fascinante, genial.

Estoy convencido de que estas cosas las deberían vender en las farmacias y que incluso a la maltrecha Seguridad Social le saldría a cuenta repartirlas entre la población a coste cero y sin copago.

A juzgar por las caras de inmensa y mística felicidad de todos los que están junto a ellas, dejémonos ya de ansiolíticos y antidepresivos. Con una de estas en la mano seremos inmensamente felices y gozaremos de una salud excelente y una larga vida próspera y plena de emocionantes aventuras durante muchos, muchos y muchos años.

Si entre la población lectora hay algún descreído no tiene más que visualizar con emocionada atención esta totalmente imparcial prueba a doble ciego, la fe acudirá a él en forma de lengua de fuego, y volverá a creer.

Ahora mismo voy a escribir a María Luisa Carcedo, la nueva ministra de Sanidad – ¿ cuanto tardará el PP en destruirla, vilipendiarla, y derrocarla ?, y también a la Agencia Mundial del Medicamento, si, esa que no quiso venir a Barcelona por razones obvias para todos menos para unos cuantos, para que la instauren como medicamento antipandémico universal y obligatorio para toda la población mundial.

Ya tuvimos algún amago de avance hace una semana aquí: Ftc 22-9-2018

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