Galerías propias: Color

Todas estas muestras y las breves notas que las acompañan las he preparado estos días (en local y sin internet) en casa de mis suegros en Girona. Me levantaba como siempre sobre las 5 de la mañana y trabajaba en ello hasta las 7 cuando despertaba a mi mujer y a mi suegra, nos preparábamos y nos íbamos a una interminable jornada de hospital.

No se que más decir aquí. Simplemente son unas cuantas fotos de las que he hecho antes de que todo se truncara abruptamente por el problema de mi suegro. Bueno, una cosa si que me voy a atrever a decir: el campo estaba tan bonito que ninguna de estas imágenes le hace justicia. No son las mejores, tampoco las peores, pues además eso va a gustos. Son simplemente recuerdos de nuestros paseos por el campo arrastrando un cuerpo, el mío, que cada vez está para menos trotes.

En algunas pongo los lugares donde están hechas las fotos simplemente por si alguien conoce la zona y le suenan, aunque la mayoría de las imágenes se podrían haber tomado en cualquier punto del Valle o de cualquier otro sitio.

Color 01: Aferrándose a la vida (Pradera de Los Llanos del Hospital)

Color 02: Detalles de color esperando el otoño (Pradera de Los Llanos del Hospital)

Color 03: Los primeros arbolitos empiezan a virar el color (inicio del Sendero Botánico – lado fuentes de Alba)

Color 04: Los primeros arbolitos empiezan a virar el color (camino de Someres hacia la minicentral de Ruda)

Color 05: El rocío de la mañana (hacia los Ibones de Billamorta – La Besurta)

Color 06: El verde del liquen y el rojo del arbusto (hacia los Ibones de Billamorta – La Besurta)

Color 07: La lánguida existencia de las hierbas acuáticas (Ibon superior de Billamorta)

Color 08: Potencia, caos y otoño (parte superior de la cascada de Aiguallut)

Esta es la parte superior de una de las cascadas más características del Valle de Benasque, la de Aiguallut. No es muy grande, pero es de lo más estética. Es la que envía el agua del agonizante glacial del Aneto (que tiene justo aguas arriba) al “Forao de Aiguallut” donde toda esa agua que debería engrosar al río Esera en Aragón se va al Valle de Arán por un canal natural en las entrañas de la montaña para surgir de la nada de forma gloriosa y casi milagrosa en el los “Güells deth Joeu” justo en la pista de “La Artiga de Lin”. Ambos son lugares, el de Aragón y el de Catalunya, que nadie debería perderse).

Color 09: Ya van llegando los colores (llano del ruinoso Balneario de Benasque)

Color 10: Los colores ya han llegado – entrada al Valle de Estós delante de la Cabaña de Sta.Ana

Los colores ya han llegado (esto es la entrada al Valle de Estós delante de la Cabaña de Sta.Ana – es a contraluz, pero el sol aún no había salido de detrás de la montaña y todo tenía una luz suave y sin ningún contrate que junto con el silencio absoluto solo roto por los trinos de los pocos pajaritos que había por allí daban un ambiente mágico que no se puede ni describir ni fotografiar, solo se puede vivir).

Color 11: Amanecer en el Valle de Estós.

En Benasque no hay amaneceres ni atardeceres, el sol aparece detrás de las montañas como una bombilla encendida a tope y pasamos de sombra y penumbra a sol directo. Lo mismo pasa al atardecer, pero al revés. Solo esperando el orto o el ocaso en lo más alto de las montañas se pueden conseguir imágenes espectaculares, pero uno ya no está para esos trotes. Esto sigue siendo el Valle de Estós, cuando el sol apuntó detrás de la montaña y borró de golpe la magia de los colores suaves encendiéndolos de fuego cual si un descomunal gigante le hubiera dado al interruptor de la luz. Me hubiera encantado una nube decorativa en el cielo plano, pero no pudo ser.

Color 12: Detalle otoñal y acuoso (Fuente de Coronas en la entrada del Valle de Estós)

Color 13: Valle de Estós, Hayedo camino de la Aigüeta de Batisielles

Me gustó este detalle de la ramita coloreada con fondo negro. Nada más que eso.

Color 14: El color de las hayas, también camino de la Aigüeta de Batisielles

El Parque Nacional de Ordesa es un capítulo aparte. No seré yo quien ensalce las virtudes sobradamente conocidas de este magnífico paraje del norte de la provincia de Huesca, pero lo que si os puedo decir es que en otoño es maravilloso y que incluso la escalera de cascadas de las Gradas de Soaso palidece ante el esplendor y variedad de los colores otoñales. Nosotros hicimos el camino más conocido, desde La Pradera de entrada a La Cola de Caballo. A buen paso y sin hacer fotos se puede hacer en unas tres horas, pero entreteniéndose haciendo fotos, desviándose a las cascadas, y mirándolo todo bien nosotros empleamos unas seis de ida y cuatro de vuelta (bajada). Lo hicimos el 25 de Octubre y en ese momento los colores estaban en plenitud. Además hizo un día “de encargo”, totalmente despejado y sin una gota de aire. Por la fecha y disposición del valle todo el camino hasta el final se hace en sombra y en el interior del monumental hayedo apenas entra luz. Las exposiciones a 100 ISO y F8 andaban alrededor de varios segundos, de ahí la importancia de la ausencia de viento. Ya a media tarde y de vuelta se produce un efecto infotografiable pero mágico y maravilloso. Por algún resquicio de la montaña se cuela el sol e ilumina las copas de las hayas en pleno viraje de color. Tu vas andando por el sendero en penumbra y las copas de los árboles se encienden en una explosión naranja que lo tiñe todo de una luz dorada y mágica. Es fascinante y sobrecogedor. Parece que el bosque se haya incendiado. Quizás fuera por eso que el 50% de las personas con la que nos cruzamos fueran fotógrafos y todos fuéramos con la mochila del equipo y el trípode, y eso que era un jueves en medio de la semana normal sin puentes ni nada. Casi había el mismo número de telefonillos que de DSLR, cosa inaudita en cualquier otro entorno. No vi ninguna “mirrorless”, ni bridge ni compacta, curiososo también ¿no?

Voy a osar mancillar la belleza del Parque poniendo aquí unos cuantos intentos frustrados de transmitiros las maravillas de un paraje fantástico, y como ya dije en la introducción lo único cierto y verdad es que las fotos no le hacen justicia.

Color 15: Los pies del gigante – Ordesa

Color 16: Reciclado en estado puro

Color 17: El amarillo y el ocre

Color 18: Sinfonía de color (allegro, ma non troppo)

Color 19: La pared de piedra y su coloreado tapiz

Color 20: Sinfonía de color (allegro maestoso)

Color 21: El sendero en medio del hayedo

Color 22: El bosque encendido – no se puede explicar, no se puede fotografiar, hay que estar allí en medio y vivirlo.

Color 24: Dos hojitas nos dan la despedida de Ordesa – fabuloso.

De vuelta al valle de Benasque la última semana de Octubre nos sorprendió la irrupción abrupta del invierno con toda su intensidad. La cosa empezó con una moderada helada y siguió con las primeras nieves que en el fondo del Valle, con una altura de 1.700 metros, acumuló espesores de hasta 50 cm.

El día de más frio pude hacer unas cuantas fotos, sobre todo de detalles de hielo. Yo los llamo “hielitos” y es una de mis pasiones fotográficas que abordo siempre que puedo con tanta ilusión como poca fortuna.

C24 El charco – planta sorprendida por el hielo con penacho de nieve)

Color 25: Pared – sinfonía helada en verde y blanco con fondo ocre.

Color 26: El candelabro (hay que ver lo que consiguen unas salpicaduras y temperaturas bajo cero)

Color 27: La piedra coronada

Color 29: Diamante en bruto

Color 29: El blanco y el negro con una pincelada ocre

Color 30: El río dorado

Esta imagen es mediocre, ya lo se, es un verdadero caos y todo confusión, pero me encantó el tono dorado del río que reflejaba la luz de la montaña del fondo que no se ve. Son cosas que pasan.

Color 31: Dos pajitas

Solo son eso, dos pajitas que actúan de núcleo y las salpicaduras del torrente y la temperaturas heladas hacen el resto. Son como estalagmitas de una noche.

Color 32: Sale el sol y “funde la magia” de la nevada nocturna.

Y ya está. No me dio tiempo a hacer nada más. El 4 de noviembre nos llamaron desde Girona por el problema de mi suegro y tuvimos que salir a escape.

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