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Mucha suerte a todos en este Sorteo de Navidad: el día de la salud.

El día de «la salud», efectivamente.

Había pensado titular esta breve nota más o menos así:

Yo no creo en la suerte, quizás por ello la suerte no cree en mi: el factor Murphy.

Pero me ha parecido un poco lóbrego incluso para mi en el día en que oficialmente dan comienzo los fiestorros Navideños y cuando más entereza y valor debemos recopilar para intentar salir vivos del envite., así que al final he puesto un título mucho más soso y convencional acorde con lo que se supone deberían ser estas fiestas.

Efectivamente yo no creo en la suerte, si creo en el azar, como no, y como ingeniero que fui también creo en la estadística, pero en lo que más creo por convicción en que el Sr.Murphy no solo existe, sino que me vigila muy de cerca.

En este sorteo de Navidad intervienen 100.000 números y se reparten 7 premios serios y 1.794 premios de “la pedrea”, es decir que la estadística dice esto:

  • La probabilidad de que no te toque un premio cualquiera es de (1-1801/100000) = 0,982
  • La probabilidad de que no te toque un premio de los de verdad es de (1-7/100000) = 0,99993
  • La probabilidad de que no te toque el gordo es de (1-1/100000) = 0,99999

Visto así el panorama no es muy prometedor, y eso que el Sorteo de Navidad es el que más probabilidad tiene de tocar.

Después está el factor Murphy que básicamente dice que “si algo puede fallar, fallará”, lo que aplicado a la lotería vendría a ser “si puede no tocar, no tocará”. Como Murphy, desde Navidad del 1978 es mi Ángel de la Guardia y no me quita ojo de encima, las probabilidades cambian para mi, hay que aplicar el “Factor Murphy” (M=0) y pasan a ser las siguientes:

  • La probabilidad de que me toque a mi un premio cualquiera es de (1801/100000)*M = 0,00000
  • La probabilidad de que me toque a mi un premio de los de verdad es de (7/100000)*M = 0,00000
  • La probabilidad de que me toque a mi el gordo es de (1/100000)*M = 0,00000

Estas probabilidades han sido ratificadas por la realidad todas las veces que en mi vida laboral me han obligado a compartir un número en el trabajo a pesar de mi insistencia de que si yo participaba era seguro que no tocaría nada.

¿ Que pasó en Navidad del 1978 ? Pues que recién casado, con muchas ilusiones y pelo, y recién entrado a trabajar en el Centro de Investigación y Estudios de Telefónica en Madrid, compramos un número de la lotería de Navidad y nos tocó la pedrea. Ahí Murphy despertó, se fijó en mi, y hasta ahora.

Bueno, pues a pesar de todo este introito totalmente prescindible os deseo en este día toda la suerte del mundo a los que jugáis y también a los que no jugáis, y sobre todo la entereza suficiente para superar un año más este singular periodo que iniciamos y que a mi cada año que pasa me da mas grima.

Por alusiones, aunque veladas:

adolfo

5 comentarios

  1. En realidad creer en el azar seguramente sea también muy acientífico Adolfo. Si el universo se rige por unas leyes físicas determinadas, el universo sería valga la redundancia determinista, y por tanto no habría lugar al azar. A menudo se confunde el azar con la imposibilidad de predecir eventos, que también es muy real pero no tiene nada que ver con el azar, sólo con la falta de información.

    Si tu familia durante meses te alimentó, jugó contigo y te dio cariño, y te preguntasen qué iba a ocurrir contigo al día siguiente, desde tu perspectiva dirías y con razón: me darán comida, jugarán conmigo y serán cariñosos. Pero te falta el dato de saber que eres un pavo, y que al día siguiente en esa casa de la América profunda celebrarán Acción de Gracias y tú serás la cena.

    Saludos!

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