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Pongo esto simplemente porque he sentido una profunda morriña por mis queridas montañas.

No es lo mismo, ya lo se, pero esta es mía.

Pues si, la verdad es que no me hubiera importado ni lo más mínimo haber hecho algunas de estas fotografías. El efecto de la niebla es mágico y a mí siempre me ha encantado. En mis queridas montañas o suelen darse esas condiciones. La niebla, cuando aparece, es esquiva y se mueve mucho más rápido que yo mientras busco una composición acertada. Además hay pocos espacios abiertos grandes, todo son valles escarpados y allí el sol sale tarde y de golpe detrás de una montaña, nunca hay cielos rosados ni al amaneces ni al anochecer. Aún así siento una profunda morriña.

Este año estuvimos en Febrero, cuando el tiempo se empeñó en que no nevara ni lloviera ni un solo día, y desde entonces no hemos subido. Veremos si nos atrevemos a ir en otoño, pero “tal como está el patio”, igual nos da miedo o igual no nos dejan. Maldito joío bicho y maldita irresponsabilidad.

adolfo

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